Galicia 2010

Es injusto, inexacto o incompleto llamar a esta entrada “Galicia 2010″, porque comenzó en Villardeciervos (Zamora).
Tercera vez que íbamos, pero primera con los nuevos dueños del local.
Muy a gusto. Ya sabíamos que teníamos incondicionales entre la gente de por allí, pero cuando descubrimos que eran precisamente un par de ellos los que llevan ahora la sala… Sublime.
 

Empezamos en el Síndico de Villardeciervos. Impresionante sesión de percusión y baile tras el concierto.

El concierto fue, como van los buenos, subiendo paulatinamente, y no sólo terminó a tope, sino que mientras recogíamos, Otero, un batería-frontman apasionado, enganchó una caja y dos baquetas y, al ritmo del waka waka y de alguna otra canción, montó allí un fiestón que nos tensó más la sonrisa que teníamos. Qué majetes! Así da gusto.

Next day, Sierra de Outes.
No vamos a esconder que es una de nuestras plazas favoritas.
Porque ahí hemos tenido noches gloriosas y porque hemos recibido siempre mucho cariño. Sabemos que tenemos amigos allí.
El comienzo del concierto fue complicado. Yo estaba todavía entumecido del concierto de Zamora y del viaje. Unos cuantos incondicionales vinieron encendidos de pasión, y esto contrastó radicalmente con el resto del público que estaba más a la expectativa.
Yo hubiera empezado despacito, poco a poco, a ver si entraba yo mismo en situación y, mientras, calentaban motores el resto de público.
Eso no era fácil labor porque había ya demanda de juerga en estado puro, y yo no sabía cómo compaginarlo.
Ahí llegó el momento imprescindible en todo concierto que se precie (según una entendida en circos romanos), un campeón metió mano en uno de mis altavoces para bajar el volumen mientras yo cantaba “The show must go on”,  precisamente. Parece ser que, en el patio de atrás de la sala, en donde él estaba, le molestaba mi volumen.
Esto hubiera quedado ahí si la entendida en circos romanos no se hubiera ofendido cuando me cagué en la puta calavera del campeón.
Decidió entonces meterse, la obtusa, en facebook, y echar ahí su amargura para sentir que aportaba algo al mundo, y lo aportó, un par de kilos de caca amarga.
Volvimos de la gira y me encontré con el pastel, y a día de hoy y aunque no soy rencoroso, todavía no se lo he perdonado. No soy rencoroso pero tengo memoria sensorial, porque siento, y al margen de la forma, el fondo es importante. Por eso no lo perdono. Ha querido hacer daño con premeditación, meditación, alevosía y muy mala leche, la suya.

Nosotros a lo nuestro.

En Sierra de Outes nos esperaban, como siempre, unos cuantos amigos, pero también un par de desagradables sorpresas. Una durante el concierto y otra al nivel de las cloacas, unos días después. Por cierto, conocimos a la primera fan oficial de LIKIDA, Marta Líkida, que la tenéis en la foto de arriba a la izquierda.

Si el sábado fue el concierto en el Antano, el domingo, magullados, emprendimos camino decididos a conocer a fondo “A Costa da Morte”, y vaya si lo hicimos.

Desde el domingo dedicamos algunos días a dejarnos sorprender y seducir por la zona de Galicia que no conocíamos, la costa de la muerte. Nos conquistó.

Pongo sólo una pesetilla de fotos porque tenemos un carro infame.

Probablemente no nos dejamos faro ni playa sin visitar. Nos hizo el tiempo prefecto, temperatura media-alta, algún rato de niebla y lluvia, y el sol justo y necesario, ni más ni menos.

Bueno, llegados al jueves parecía inevitable, en este super año Xacobeo pasar por Santiago. Nosotros somos peregrinos, de otro tipo pero peregrinos. Somos también ruteros, comediantes de caminos y pueblos,… Vaya, que teníamos que ir. Y fuimos.
Lo cierto es que la ciudad estaba a rebosar, y entre el calor, los perrillos, y el cansancio acumulado de toda la semana turística, no cumplimos las dos horas allí. Volveremos en invierno, que es más nuestro clima.
Directos a Boiro! Nuestro segundo hogar.

Llegamos hasta Valdoviño, sin pasar de 50 km/h, poco a poco y disfrutando. Por último pasamos de visita por Santiago de Compostela, y tras un paseo entre ingente cantidad de gente, encaminamos nuestra proa hacia Boiro, el camping Barraña (como en casa), que es nuestro campamento base habitual en Galicia, y no nos olvidamos de pasar por el Rodas a tentar unos pimientiños de Padrón y unas gallardas valientes.

Después de reencontrarnos con tantos amigos, en el Rodas, en el camping,.. en Boiro, había que perpetrar el penúltimo concierto.
Y en la Pousada de Suso nos plantamos para quitarnos el polvo de tantas playas y montes que habíamos visitado.
Y poco a poco nos lo quitamos.

Volvimos, años después, a la Pousada das Animas de Boiro, en donde dimos nuestro primer concierto en Galicia hace algunos años. Está diferente, reformada e impecable. Siempre es una alegría encontrarnos con Suso y siempre es una alegría cantar, así que agusto. Costó lo suyo levantar a la tropa, pero hoy en día es un ejercico habitual, la gente no sale tan alegre como hace un tiempo. Al final lo conseguimos y eso es lo importante.

Nos despedimos de Germán padre, Germán hijo, Juan Carlos, Mariló, Pablito, David, Jose, Salomé, Cris, Samuel, etc.., pasamos por Padrón para traernos a Navarra una colección de pimientos con la que hemos complacido a amigos y familiares, y nos fuimos para Seixo.
En Seixo habíamos tocado varias veces, pero siempre en el ACHE de Manolo. Esta vez y gracias al contacto que nos dio el propio Manolito, tocamos en un sitio nuevo, junto a la playa. Muchas veces nos pasa que vas a tocar a los sitios, llegas tarde y cansado y te vas de madrugada y mucho más cansado, y al final no conoces el pueblo.
Vaya playa elegante! y no debe ser la única.

No sabemos qué ha pasado que no ha salido ninguna foto del último concierto de la gira. Sólo tenemos esta que es de un rato antes de empezar sentado frente a la puerta de la terraza en la que tocamos. Como veréis mal sitio. La noche acompañó al concierto y, pese a ser al aire libre, no se quejaron ni las gaviotas. Un concierto relajado, con el público sentado, y donde lo pasamos muy bien. Cayeron unas docenas de risas de las buenas.

Cesar, el sheriff de La Tapería a Figueira, y su mujer fueron muy amables, y el sitio para tocar era perfecto. Una terraza interior con brezo como cubierta y un montón de mesas con cartelitos de “reserva” para las cenas. Y así fue, la gente cenó, y sentados en las mesas fueron girándose, y fueron metiéndose en el juego que poco a poco yo les proponía. No pudimos dar mucha caña por si se quejaban los vecinos, pero terminamos en un punto bastante álgido.
Bien a gusto terminamos la gira.

Recogimos y Virginia se puso al volante mientras yo perdía el conocimiento en el reclinado asiento del copiloto.
Entre Benavente y León la señorita chofer no podía más, así que me desperecé, me tomé una de esas bebidas brutales (redbull, burn, toro, etc) que ahora están en formato concentrado, y hasta Pamplona hemos de ir.
A las once y media de la mañana estábamos en el sofá, con la sexta puesta para despertarnos con la fórmula 1.
Cansados, muy cansados, pero con la satisfacción del deber cumplido.

Y qué bonita es Galicia!
Y cuánta gente maja!
Un placer.

 


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