El verdadero influjo de la luna

La última, salvaje y cercana luna llena nos ha dejado muestras fehacientes de su influencia sobre las mareas en varios puntos de nuestras costas, sobre todo en las de Cádiz. Eso es innegable.
Obviamente no por evidente es esa la única influencia de la luna sobre la tierra, ni mucho menos, y aquí abriríamos un debate que caminaría turbia y peligrosamente entre la ciencia y el esoterismo, entre las sensaciones y las ilusiones. Sería conflictivo y, supongo, poco instructivo.
Cada uno que piense lo que quiera… o que sienta lo que pueda, pero a mí, y juro que no sé por qué, me pone.
La noche que salgo a pasear a los perros y me encuentro de sopetón con la luna llena, y sin saber que estaba, se me acelera el corazón, esbozo una sonrisa y, desconozco el motivo, me conmuevo y me entristece profundamente marcharme a la cama, y desaprovechar una noche tan bonita y tan emocionante… ¡Mi luna luciendo y yo durmiendo!
Malditos las paredes y los techos, malditos los edificios y las farolas que impiden o corrompen su contemplación. No así las montañas y los arboles que cuando la sesgan o se entremezclan con su silueta, la adornan y embellecen aún más si cabe.
Y no hablemos de su reflejo en el mar sureño, el lago pirenaico o en el río ribero. Me estremezco de recordar las que ya vi y de imaginar las que veré.

¿Cómo no voy a cantarle?

Ya mi primer disco, un directo del 2001, termina con “luna”, mi tercer disco (segundo de mis canciones) se tituló “Preludio de luna hiena”, y mi nuevo trabajo sigue la saga, “luna hiena”.

No son pocas las ocasiones en las que noches de luna llena han sido bien diferentes, mágicas e inolvidables. Pero no siempre positivamente.
Supongo que como en todas las ecuaciones del comportamiento humano y animal, el resultado depende  directamente de los factores que entran en juego, y en noches de luna llena he visto tantas veces multiplicada la energía en forma de alegría, de emociones, de buen rollo, como he sido testigo de acentos de violencia, negatividad y muchas cosas extrañas e incómodas de recordar que confirman que de todo hay en la viña del señor… del señor “influjo lunar”, y en la vida.
El capullo es más capullo todavía, con más intensidad y convicción que nunca. El flipao es más flipao, el cariñoso más cariñoso, el histérico más histérico, el amable más amable, el gracioso más gracioso, y así sucesivamente una tras otra todas las cualidades de cada personaje brillan más al reflejo del reflejo que hace la luna de la luz de nuestra estrella.

Me impresionó muchísimo la visión de las fotos de las costas de Cádiz sin agua por el brutal arrastre de las mareas que provocó la proximidad de la luna a la tierra, pero probablemente acontecieron miles de influencias más, en miles de personas y situaciones, de las que no hay recuerdo gráfico.

Ese es, para mí, el verdadero influjo de la luna. Y me inquieta, impresiona y hechiza.

¿Cómo no voy a cantarle?

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