El mundo en que vivimos Part. 1

Maldito invento el reloj.

Todo gira entorno al tiempo, a las horas y los minutos. Los segundos.
Pero no como referencia o por curiosidad, no, sí como esclavitud y como condena.
Y ya no es ese inoportuno canto del gallo que daba el pistoletazo de salida para las labores de labranza del campo o las actividades ganaderas. Ahora no es sólo, ni mucho menos, el despertar prematuro que aprovecha las horas de luz diurna cuando las noches y penumbras se iluminaban con velas y candiles temblorosos, ahora el canto del gallo suena y replica constantemente, en cualquier momento, la cita con el médico, que cierran la farmacia, se termina el tiempo de zona azul, empieza “la peli”, hora en “la pelu”, hay que hacer la compra antes de ir a devolver la tostadora defectuosa y luego echar la primitiva, que esta vez nos toca y… como toque…!
Antes las campanas de las iglesias te ponían en tu sitio si estabas relajado y/o despistado. Ahora nadie está relajado y/o despistado. Todo el mundo tiene reloj y, lo que es peor, lo miramos constantemente.

Igual entendería esta prisa si fuera cierto que el mundo acaba un día de estos, como afirma no sé qué calendario de no sé qué civilización que desapareció hace no sé cuántos siglos.
Pero este es un castigo que nos auto imponemos socialmente para arrancarnos la paz y el sosiego, paz y sosiego que, por otro lado, nos permitirían entender las cosas de otra manera porque tendríamos tiempo para pensar.
Qué locura..!
¡¡¿Pensar?!!

Pero es desde la infancia cuando empieza esta absurda vorágine.
Hay prisa para todo, para que un niño sea listo, talentoso, elija su futuro, sepa idiomas, astrofísica…
Me angustia pensar cuántos críos hay envueltos en una carrera competitiva (y destructiva) para intentar que sean Nadal, Messi, Alonso, Contador, Nureyev, Justin Bieber, Gasol, Penelope Cruz, Bisbal… Y si se es, se es, y si no, pues no. Eso les pasa y pasará a aquellos que tengan unos padres suficientemente (frustrados) convencidos de las posibilidades y la vocación de sus hijos como para hipotecar su infancia, cuando todos sabemos que es la única etapa de la vida moderna libre, en principio, de hipotecas y derivados.

Luego hay prisa, primero, por elegir profesión.
Es absurdo, porque es muy poca la gente que desde la infancia sabe exactamente qué quiere hacer, y la gran mayoría tiene que elegir a ciegas sí o sí, bien pronto, ya! entre las prematuras y múltiples bifurcaciones de un obsoleto y equivocado (a mi juicio) sistema educativo anclado en valores que, ya se ha demostrado con creces, son erróneos y defectuosos.

Yo fui un estrepitoso fracaso escolar, y no pude encauzar mi educación por donde sentía que debía hacerlo porque caminaba bajo el yugo del “si no tienes una buena carrera no eres nadie”.
¿Cómorrr?!!!!

Hay que ser ignorante hasta extremos estremecedores para creer que todo en esta vida es ser abogado o médico, o Nadal, Messi, Alonso, Contador, Nureyev, Justin Bieber, Gasol, Penelope Cruz, Bisbal…
He conocido a cientos, si no a miles, de personas que le dan más sentido a la palabra humanidad que cualquiera de estos personajes más o menos relevantes, y a los que admiro más o mucho menos, según el caso.
El mundo está inundado de personas anónimas, buenas personas, sencillas dentro de lo complejos que somos todos, que son padres, abuelos, amigos, gente normal, y cuyas profesiones probablemente no pasen de carpintero, agricultor, maestro de primaria, cartero, albañil o qué sé yo. Nada presuntamente glamuroso.
Pues cualquiera de ellos, en cualquier pueblo de cualquier región, tiene no sólo tanto mérito como muchas personas relevantes, sino que puede tener mucho más. Cada uno tiene su historia de lucha, de superación y de pundonor que nunca conoceremos. Experiencias, traumas, alegrías… Si tienes una buena charla con alguno de ellos es muy probable que se abran muchas más ventanas llenas de luz que en una conversación intelectual con un importante abogado o ingeniero de caminos y carretiles para bici. Sus inquietudes son y serán otras mucho menos mundanas que las mías.
Por cierto, detesto el clasismo, y lo veo cada día en las miradas de todos los marqueses de chorrapelada, sucedáneos de alta alcurnia o auténticos, que andan sueltos por ahí creyendo que son alguien.
No se puede ser más nadie.
Los primeros instantes de la revolución francesa fueron la gloria de la humanidad. Luego sucedió lo de siempre, la miseria de la humanidad enervada y los energúmenos cogiendo la cresta de la ola hasta más allá de la playa.

Soy adicto a escuchar, y lo hago ávidamente. Suele ser después de los conciertos, gente que pulula por ahí con una melopea del diez, o del doce, y si sabes dejar hablar y si sabes aguantar ciertos envites… Desconozco quién invento como tal la filosofía, pero puedo afirmar sin temor a equivocarme que es una práctica mucho más habitual de lo que parece y, por descontado, mucho más sorprendente en cualquiera de sus formas que el mejor partido de fútbol o de tenis que se haya podido presenciar jamás. En menuda orgía de ideas y conceptos te puedes ver involucrado en un momento y sin darte cuenta!

Vivo permanentemente a caballo entre el placer de conocer a tanta gente, lo que me enriquece y llena de asombrosa felicidad, y la preocupación de cruzarme con tanta gente, gente que no suelo conocer, que son capaces de hacerme perder la fe en la raza humana, si es que alguna vez la tuve, con un solo gesto o con la triste ausencia de los mismos. De todo hay y tiene que haber en la viña del señor.
Dicen que de lo que das recibes, y si desprendes alegría y buena fe, es de eso mismo de lo que sueles terminar rodeado. Buena gente. Es decir, si te ves rodeado de mala gente eso es que algo has hecho mal.

Siguiendo con lo nuestro… ¿tenéis tiempo…? …vaya horas!
Bueno, cuando pasan la infancia y la traumática pubertad nos encontramos con más prisas todavía. De propinica.
Primero hay que buscar pareja, sí o sí.
Si hay algo que no funciona a la hora de encontrar una persona con la que COMPARTIR TU VIDA, ni más ni menos, tus alegrías y tus penas, tus miserias y tus defectos, es buscarla. Eso es como los amigos, si quieres tener amigos de verdad, esos te los dará la vida, no puedes decir: “Voy a buscar amigos”. No, estos aparecen en el camino y tu tienes que ser capaz de verlos.
Lo único que no elige uno es la familia, esa es la que es, y punto. Te gusta más o te gusta menos y luego tú decides si la cuidas más o la cuidas menos. Todo lo demás en esta vida lo eliges tú, y es la capacidad que tengas tú de tener los poros de tu piel abiertos, y los prejuicios invernando, la que te mostrará las personas con las que verdaderamente sintonizas. Y eso será así hasta el final de tus días. Y la vida no sé si es cruel o qué, sé que es real y cruda, y es un camino, y en un camino activo siempre tendrás que dejar cosas atrás, si no es así quiere decir que no estás caminando. C´est la vie!
Pero el tiempo apremia, y tienes que buscar pareja urgentemente, coge la persona más guapa o la que tenga mejor cuerpo, o un notario mismo sirve, pero elige pronto para poder comprar una casa (con su lustrosa hipoteca) y tener un churumbel o dos, mejor hoy que mañana. Y con veinticinco años vete abriendo ya un plan de jubilación, no siendo que tu juventud no sea satisfactoria y tengas que recuperar el tiempo perdido en la senectud.
Claro, y así llegamos al hecho contrastado de que la felicidad plena se alcanza cuando ya no tienes cuerpo para muchas risas. Pero eso es así porque cuando tienes sesenta ya no te preocupa el reloj, ya no eres competitivo, ya no tienes que demostrar nada a nadie… Cuando somos jóvenes o adultos, vigorosos y sanos, es entonces cuando la vida es nuestra… y se nos escapa luchando contra el puto reloj, y las prisas, y la hipoteca…

Si supiéramos vivir siempre con ese tempo, con esa calma y con esa ausencia de inquietud… Porque en ciertos parámetros es innegable que tenemos un nivel de vida increíblemente alto, pero es innegable a su vez que eso lo pagamos por otro lado. El que nos hace perder la calidad de vida a cambio del estrés.

Y aquí estamos, buscando el equilibrio, y tratando de hacer las cosas lo mejor posible. Pero hay tanto en lo que pensar… y la corriente es tan fuerte… ya trato de salirme, claro que lo intento!, pero… la corriente es tan fuerte…

Uf! Qué hora se me ha hecho…!!! Me voy pitando!

Maldito invento el reloj.
Pd: Por supuesto no descalifico ni desprecio a nadie por tener alta posición social o una carrera en particular, o dos o tres. Sólo faltaba. Descalifico y desprecio a quien cree que eso le hace mejor que los demás. Se equivoca con creces.

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