El mundo en que vivimos Part. 2

Y es cuando se nos da cierto poder de decisión sobre los demás, aunque sea el mínimo, cuando sale a relucir nuestra esencia.

Vengo de intentar aparcar…, y al final conseguirlo, pero con tristeza. Y no es la triste falta de espacio para aparcar la que me produce tristeza. Tristemente no.

Y miro a mi alrededor.
Presencio pálido y ensombrecido cómo el egoísmo se abre paso a machetazos entre la frágil conciencia social. La que a veces siento que nunca consiguió arraigar.
El sistema de aparcamiento en batería es un reflejo francamente gráfico de cómo vamos por la vida. Consiste en una franja de asfalto en la que se delimita con líneas paralelas las parcelas más o menos anchas, o estrechas, según el caso, de las que disponemos para aparcar. Todos y cada uno. Y por desgracia, al menos en nuestro caso, no suele sobrar ni una, ni media.

En este escenario tenemos varias escenas que plasman de una forma evidente e innegable el espíritu con el que algunas personas se mueven en la sociedad.
Voy a obviar la escena principal o deseada que sería aquella en la que uno llega con su vehículo y aparca entre las los lineas, paralelo a estas, y bien centrado. Cueste lo que cueste.
A partir de aquí empieza la fiesta, y es una fiesta en cadena, con un efecto dominó que consigue convertir 20 plazas de aparcamiento en 18 ó 17. Y anárquicas.
Que nadie me diga que el problema es que no es muy hábil aparcando, que si te tomas tu tiempo y, por descontado, la molestia, aparca bien cualquiera.
Este es un conflicto primo hermano del más puro y genuino egoísmo individualista. Una despreocupación absoluta y preocupante de lo que se encuentre el que viene después. Un “que se jodan” o “que se busquen la vida”. “Yo ya he aparcado y si no cabe otro que hagan más plazas, que para eso pago mis impuestos”. Luego todo el mundo es super de izquierdas, super buena gente, super cristiano, y todo el mundo exige sus derechos. Eso sí, que no se lo hagan a él, a su mujer, a su hijo o… eso no! Nunca!
Mientras, limita día tras día los derechos y el bienestar de los demás. Y no le importa un carajo.

Parece que el único camino para controlar a tanto inconsciente y egoísta es la prohibición y el castigo. Por norma.

De esta forma llegamos a una de esas paradojas que nos ofrece la aberración de la presunta civilización moderna.
Ciudades y pueblos perfectamente asfaltados son intransitables.
Para evitar que cuatro energúmenos deleznables circulen a toda pastilla por nuestras calles urbanizadas, se ha optado por plantar tortuosos badenes, insufribles en muchos casos aunque vayas a 20 por hora, castigando así sistemáticamente a TODA la población, conduzca como conduzca, sin distinciones de ninguna clase. Sin escrúpulos.
¿Quién es el desgraciado que diseña el 90 % de estos cachibaches? HI-JO-DE-PU-TA!
Porque hay modelos (los menos) que efectivamente castigan sólo si vas rápido. Estos son de obra y por mucha altura que alcancen, ni su comienzo ni su final son abruptos ni dolorosos. Si vas a 30 no suponen ningún estorbo, y a 40 no se te saltan los empastes.
Pero los que te encuentras normalmente… Neandertales! Parecemos Neandertales!
¿Para eso asfaltamos como el marmol? ¿Para luego joderlo por cuatro bobos que corren, cuatro tontos que diseñan mal y cuatro políticos obtusos que deciden utilizar esos diseños defectuosos? Por cierto, respecto a esos badenes torturadores, es importante recordar que los pagamos nosotros. Es cojonudo!
Y así pagan justos por pecadores, one more time.
Es el mismo caso del que va con su bolsita a recoger la cagadica de su perro cruzando el fino cesped del precioso parque y, confiado, pensando que todos son como él, pisa la cagadica del perro cuyo dueño es un manifiesto imbécil, un egoísta y además, casualmente, suele aparcar ocupando dos plazas.
Es fantástico tener tantos parques maravillosos en cuyos aterciopelados céspedes no te puedes tumbar, y por los que si quieres caminar, has de saber que un campo de minas vas a cruzar.
Pero bueno, esa es la historia de la humanidad y este es EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.
Cosas que no entiendo y, creo, que no podré entender.

Un saludico!

Pd: Esta vez he sido más breve que en la primera parte, y tengo la firme intención de continuar en esta línea.

Pd2: Quisiera abolir de mi carácter esa insoportable manía de respetar al que no me respeta, pero a estas alturas lo tengo demasiado forjado para tratar de emprender este tipo de reajustes. Ajo y agua.

Pd3: Hay un alto porcentaje de probabilidades de que el tipo que deja la cagada de su perro en el parque y aparca acribillando el libre albedrío, sea el mismo que vacía el cenicero del coche en el suelo de cualquier aparcamiento, el que deja tirada la lata de refresco en la playa o monte, el que tira la colilla (y encendida) por la ventanilla, el que se salta el ceda el paso en una rotonda, el que acelera cuando le vas a adelantar, el que trata de colarse cuando todo el mundo espera su turno, etc. Con estos individuos la vida pone a prueba continuamente nuestra paciencia y nuestra educación, y la convivencia en estos términos o nos hace mejores, o nos revienta.

Anuncios

About this entry