Nimiedades accesorias (falta de presupuesto)

Y el caso es que, así me resista como gato panza arriba, yo también caigo de cuando en vez en esta estupidez (más vale que no tengo presupuesto).

Parece que es más importante tener una vida de postal que una auténtica, sincera y genuina existencia.
Da la sensación con demasiada frecuencia, si no siempre, de que acaba siendo más importante aparentar que ser, y aparentemente eso no debiera ser.

Que una marquesa o un torero tengan una casa para ver y no tocar, sin un calcetín por el suelo, sin un lamparón en el parqué, sin una huella en un espejo, sin un juguete en el pasillo, o sin un trozo de pan y su oportuno cuchillo encima de la mesa, lo entiendo. A esa gente le pueden aparecer los del “HOLA” en cualquier descuido y hacerles un reportaje para que toda España se retuerza contemplando sus mármoles de panteón, fríos y ortopédicos, sus lánguidas e impersonales reliquias horteras, y sus decenas o cientos de inútiles metros cuadrados y cúbicos, baños y estancias sin vida, ni bullicio, ni alegría… Sólo aire, corrompido y estancado aire sin casi oxígeno vital.
Cómo no van a ostentar obscenas joyas e inútiles vehículos aparcados de por vida si es eso lo que les da las fuerzas para existir, la única satisfacción de saber, sospechar, suponer o sentir que los ciudadanos carentes de rancio abolengo o títulos hereditarios pasamos envidia.
Debe hacer sentir frágil a uno el vivir pendiente de lo que los demás creen que eres, cuando la realidad es bien distinta a esas memeces, nadie es más de lo que es, aparente lo que aparente y se ponga como se ponga. Y estos personajes suelen ser pobres desgraciados, tristemente adictos y dependientes, tengan el dinero que tengan, y suelen ser poca cosa para lo que nos imaginamos.
Vamos, que no ser más que nadie debe ser un trago amargo para ellos, en el lejano supuesto de que alguno sea capaz de tomar consciencia de este hecho y se digne a admitirlo… bueno, precisamente para ese que lo reconozca no será tan amargo, porque de entrada habrá demostrado que no es tan imbécil como presumo.

Yo no me siento capaz de llevar mi vida normal, con naturalidad, y al mismo tiempo tener la casa como si ahí no viviera nadie. Hay salones que parecen los de la exposición de la tienda, y cocinas, y habitaciones! ¿Cómo es eso posible? Pues es posible porque vemos las revistas de decoración, las exposiciones, algunas películas, y nos parece todo tan… aséptico, tan aparente, tan neutro, tan moderno o antiguo, tan… de diseño! …que perdemos el culo por convertir nuestro espacio útil y particular, nuestro hogar, en una maldita exposición impersonal y vacía.
En cuántas casas entras y son exactamente la misma que la del vecino… Eso sólo puedo achacarlo a que nos van machacando con las tendencias, modas, ofertas, publicidades, precios,… y terminan por arrancarnos la identidad y acercarnos a los mundos de Dolly clonando nuestros gustos.
Porque es tal, al final, la fuerza de las corrientes de moda que resulta casi misión imposible escapar de ellas. No sólo nos bombardean con sus conceptos hasta que los asumimos como nuestros, sino que es lo único que vas a encontrar en las tiendas, y al mejor precio, eso que te han estado inculcando durante meses o años. ¿Cómo se puede escapar de todo esto? Pues muy sencillo, no teniendo ni un miserable duro (falta de presupuesto).
Ser pobre es la única manera de tener estilo propio. No te puedes comprar colonia, así que son tus feromonas tu carta de presentación. No te puedes comprar ropa, así que tu estilo es ir combinando lo que tienes como buenamente puedes, lo cual hará de ti sin duda alguien diferente, ya que el resto de personas visten según la tendencia. Tú no. Si no tienes pasta no puedes poner el salón de casa entero, todo a juego y conjuntado. Tendrás un salón particular y diferente.
Este es nuestro caso, y me alegro. Porque se buscan la vida para que, aunque no tengas un clavel, puedas comprártelo todo. Nosotros ni por esas (falta de presupuesto).

Nos ayudan y animan a que aparentemos más de lo que somos. O lo que es peor, algo que no somos.

Mi caso particular es, de alguna manera, una historia de involución. Con 18 años lucía un lustroso aspecto de rockero, cuidaba mi pinta estética como si fuera una estrella de rock en toda regla, hasta que en dos breves semanas me auto impuse como norma en la vida el “ser” antes que el “parecer”, y desde entonces esa premisa se antepone a cualquier impulso reflejo convulso de aparentar nada.
Ya mayorcito, empecé con 20, trabajé siete años de “técnico de sonido”, y nunca sentí el impulso de querer salir al escenario para que la gente supiera que yo cantaba y cómo lo hacía, sabía que llegaría mi momento y nunca sentí frustración ni prisa por que no se supiera lo que sabía hacer, estaba tan feliz en mi papel de técnico, siempre al servicio de los músicos y siempre siendo los últimos en irnos, recogiendo cansados y magullados cables infinitos, y jugando al tetris para conseguir cargar la maltrecha furgoneta para volver a descargarla kilómetros después.
Y así, en el estricto anonimato de un simple y desapercibido técnico de sonido, cumplí los años con los que acaba de morir Amy Winehouse (yo sin presupuesto).
Para entonces ya había pasado tres años en la escuela de arte dramático y había escrito alguna de las canciones que han visto, y verán, la luz con LIKIDA.
Cuando comencé accidentalmente a cantar en bares, tenía claro que toda esa estética dura y burbujeante que me había imaginado para el escenario, no tenía sentido. Si vas a darte una paliza de cantar y sudar en bares de pueblos y barrios, sin luces (ahora sí llevamos algunas, pero no siempre fue así) ni presunto glamour, no tiene sentido tratar llevar un espectáculo aparente a donde no puede llegar (por falta de presupuesto). Y así voy a cumplir mis 1000 conciertos sin haber podido aparentar nunca lo que aparentaba de chaval, ser un auténtico rockero. Pero resulta que lo soy, y eso no me lo puede discutir absolutamente nadie. Es un hecho que llevo con absoluta normalidad y orgullo infinito. (como la falta de presupuesto)

Vivo hace años con Virginia, y nuestra casa es como nosotros, no aparenta ser gran cosa pero está en la puta cúspide de la autenticidad (falta de presupuesto).
Nuestra moto no es espectacular, una 250 Classic de cuatro tiempos nacida en el 87, pero lleva entre mis piernas 17 años (y los que le quedan/ falta de presupuesto), y no necesito pedir un préstamo (ni puedo) para tener una moto más grande para que no me miren por encima del hombro los ignorantes y prejuiciosos, no puede ser más grande una moto de lo que es la nuestra, y no necesito aparentar ser motero, ni un chico malo malote. Se ponga a mi lado en el semáforo la moto que se ponga, y aunque pueda sufrir extenuante pero sana envidia con algunas, el orgullo que siento hacia mi chiquilla es impagable (falta de presupuesto).

Somos lo que somos, y esforzarse por aparentarlo es perder el tiempo, la energía y la autenticidad. Ni hablemos de lo que pienso de intentar aparentar lo que NO se es.

Claro y breve lo dijo sabio mi amado y admirado William Shakespeare: “Ser o no ser, esa es la cuestión”

Para mí, a mi discutible juicio particular y genuino, lo demás son nimiedades accesorias (falta de presupuesto).

Un saludico!

Pd: No es fácil decir lo que verdaderamente piensas. Partiendo de que no es fácil pensar verdaderamente… lo que dices (falta de intelecto).

Anuncios

About this entry