He vuelto a tocar en Pamplona

Ya lo dice el refrán “nadie es profeta en su tierra”.

Supongo que esta certeza debe ser un grave acuciante problema para los profetas, pero yo sólo soy un músico, si quieres un “showman”, en cualquier caso no tengo ninguna intención de profetizar nada.

Cuando cumplí en 2005 mi concierto 500 en el escenario de la Escuela Navarra de Teatro, escenario donde me formé, por cierto, como actor, decidí dejar de tocar en Pamplona una temporada.
Nunca imaginé  que abriría una brecha de casi seis años y 450 conciertos hasta mi vuelta.

Aquella decisión tenía una base muy simple, había saturado la zona tanto de conciertos que estaba quemado, yo y mi espectáculo. Para entonces ya pululaba abundantemente por toda la península, y tenía suficiente trabajo fuera de Navarra como para permitirme el lujo de auto exiliarme temporalmente.
Está claro que cuando el público te tiene a tiro gratis en algún bar cercano cada mes, por mucho que le guste lo que haces, muchos se van a saltar el concierto de pago. Por mucho que sea el 500 y que vayas a hacer algo especial.
Fue una lección de humildad saber que tan poca gente en mi ciudad estaba dispuesta a pagar la entrada del concierto.

Aquel viernes 5 de noviembre de 2005 también cometí un error que luego he repetido dolorosamente en alguna otra ocasión. Como el asunto parecía que iba bien y yo tenía mucha experiencia como técnico, comenzamos a comprar aparatos de luz para llevar nuestro propio montaje en teatros y auditorios. Invirtiendo en autonomía e independencia, pero nada político, of course!
Ese día decidimos estrenar nuestras luces, con lo que dedicamos todo el día a solucionar problemas y de propina se quedó el concierto en media penumbra. Desde mi siempre exigente punto de vista, un completo desastre!
Por si no había aprendido la lección al mes siguiente, el 1 y 2 de diciembre, presenté en la Casa de Cultura de Zizur (junto a Pamplona) “Mi historia de Queen“. Una idea simple convertida en un ambicioso proyecto en el que pretendí cargar con todo el peso técnico, artístico, organizativo…
Y fue la cuestión técnica, sumamente compleja porque inventé artilugios lumínicos y un complejo guión escénico, la que me absorbió por completo, dejando los textos, las canciones y el guión de la mano de dios. Dios aquellos días no me merodeaba parece ser, o consideró que no era merecedor de un ayudita, con lo que después de días soldando cables, conectores imposibles, atornillando bolas de espejos dentro de unas mesas robotizadas “made in yo“…. Llegó el momento de salir al escenario y… no había estudiado NADA y “Mi historia de Queen” se sujetaba con pinzas!
Eso sí que fue un desastre! Además habíamos convocado a programadores de toda Navarra y hasta vinieron de una productora de León. Vino gente a ver el show desde Zaragoza, Galicia, Cádiz…
Un desastre total!… A mi juicio. De los errores se aprende.
Nunca he tenido problemas para reconocer mis errores, y cuando son tan obvios tampoco se me ocurriría intentarlo. No soy Einstein pero tonto tampoco.

Ojo, que a la gente le gustó y aún hay quien se acerca a decirme que estuvo allí y que se lo pasó pipa, pero la distancia que hay entre lo que yo quería hacer y lo que hice… esa distancia es un abismo infinito.

Unos meses después llevé ese espectáculo, incluidas nuestras luces y tinglados, al Auditorio de Ourense, y pese a coincidir con un Madrid-Barca, y pese a estar en la programación entre Serrat y algún otro dinosaurio escénico, aquel día agotado y casi sin dormir por el concierto de la noche anterior en A Coruña, el concierto fue lo que tenía que haber sido en Zizur, una fiesta.
Y no me importó nada que saltara la luz en mitad de “Another one bites the dust” que seguí cantándola con la ayuda del público y aun nos echamos unas cuantas risas. Les conté a mi manera la historia de Queen y algunas de esas improvisaciones cómicas que me brotan cuando estoy a gustico”

Lo que decidí entonces fue muy simple, no tener prisa nunca más, no meterme en camisas de once varas, disfrutar de lo que hago, sin ambiciones técnicas aparatosas. Ya me había quedado a gusto con “Mi historia de Queen” y lo sepulté allí, en las tierras gallegas en las que tan bien me he sentido siempre. Quién sabe, igual al tercer día lo resucito.

A lo que vamos: Este sábado 27 de agosto de 2011 he vuelto a tocar en Pamplona!

Otra vez ha sido aparatoso, porque cuando me llamaron para este concierto ya tenía uno apalabrado para ese mismo día a las 5 de la tarde en Irún (Guipúzcoa).

Así comenzó la tarde en Irün...

Acordamos hacer el concierto de Pamplona a las 22 horas, así que sería desmontar en Irún, salir a toda leche, llegar a Pamplona, montar y tocar.
Entre que luego la hora prevista para el concierto de Irún se retrasó media hora, y la hora del de Pamplona se adelantó media hora…. por si fuera poco nos enteramos de que en Pamplona no podemos llevar la furgoneta hasta el escenario… y de que no iba a haber escenario!

Abreviando, entre pitos y flautas, y buena voluntad por todas las partes, llegamos a tiempo a los dos conciertos, dejamos en Pamplona parte del equipo de sonido y luces, y un escenario pequeño que tenemos para emergencias, para que los encargados de la producción del concierto de Pamplona nos lo tuviera preparado cuando llegáramos, nos fuimos a Irún, montamos, tocamos muy a gusto mientras la peña se desperezaba después de la comida, acabamos como debimos empezar… liándola…

Aquí la parte derecha de los asistentes. De esta gente tan maja nos despedimos dispuestos a sortear los radares del camino.

Salimos zingando para Pamplona, llegamos, aparcamos, montamos y…..

…nos encontramos con mucho público, y muy atento, receptivo, educado… Me lo pusieron realmente fácil, la verdad. Fue un placer volver a casa.

Con las batallas que libro en ocasiones, encontrarme una audiencia con todas las virtudes que le puedes pedir a un público, virtudes que ya he enumerado, en esta ocasión disfruté como sólo se disfruta en las grandes ocasiones. Gracias a todos. Sinceramente.

Concierto en las murallas de Pamplona a la luz de las velas... y algún foco.

La noche acompañó a medias, porque no hubo aire pero hizo fresco (Navarra es Navarra); la zona en la que estábamos es preciosa, murallas impecables, todo un recorrido plagado de velas, vinos y quesos (de los que nosotros no pudimos disfrutar) sirvieron de adelanto al concierto e hicieron el resto.

Me vienen a la memoria los míticos conciertos en el Black Queen, mi concierto 100 en el Teatro Gayarre, el 300 en la Escuela Navarra de Teatro… y algún otro, como recuerdos más entrañables de una ciudad que es la mía, y de una tierra que es también la mía y que muy probablemente no necesite profetas, pero sabe acompañar y agradecer un buen espectáculo.

Muy cansado pero con la satisfacción del deber cumplido, con los últimos supervivientes del sábado, la familia!

Nadie es profeta en su tierra… y algunos ni lo pretendemos. Con poder dar algún conciertico a gusto de cuando en vez en mi casa me conformo.

GRACIAS!

Pd1: Quiero no olvidarme de la gente que conocí y me conoció por la tarde en la Concentración Megas de Irún, los de allí, Manu y demás organizadores, la cuadrilla de Castellón que se nos querían meter en la furgoneta para venir al concierto de Pamplona!!! A la gente del restaurante Atalaia, gracias por vuestra simpatía, sorbetes y milhojas! je je je… A todos, muchas gracias por dejarme interrumpir vuestra siesta con mis brindis!!!

Pd2: Lo que menos me gusta de esta vocación-profesión es el tema de la popularidad. Si pudiera dar conciertos como el de este sábado en Pamplona y luego desaparecer en el monte hasta el siguiente… Entonces sería plenamente feliz. La ventaja de irme a tocar tanto tiempo fuera ha sido esa, que mis vecinos no saben a qué me dedico, y eso me gusta. Ahora alguno más ya lo sabe.

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