…y no soy nada

Paso mi mirada de soslayo a cada momento por la vida y trato de encajar en demasiadas cosas que no comparto ni comprendo. ¿Por qué? Ya no sé qué hacer para no ir siempre contra corriente, me resulta imposible evitarlo.
Sentir que encuentro mi sitio, mi lugar en este puzzle, se me antoja casi inalcanzable.
Sólo atisbo la neutralidad, sólo vislumbro mi sosiego social cuando consigo callar lo que pienso, cuando consigo aparentar que ignoro lo que veo, cuando no soy yo. Eso me cuesta un gran esfuerzo. Titánico.

Me pregunto en qué recóndita parte de mi turbulento ser se esconde el resorte que me obliga sistemáticamente a pensar, a analizar, a actuar, a opinar; el que me mueve cuando quisiera estar quieto, el que me da coraje cuando desearía rendirme. Si pudiera desactivarlo en ciertas contadas ocasiones…

A cambio disfruto también del tormento de ser plenamente consciente de cuánto y cual profundamente me equivoco, y choca violentamente con mi orgullo y deja una espesa estela de espuma de ira y desaliento allí donde paro a lamentarme.

¿Nadie puede entender que mi creación artística está y estará, es y será, al margen de la opinión de la masa a la que precisamente mi creación artística afirma que aborrezco? No me identifico.
¿Que es esa masa la que me va a juzgar? Lo sé. No me inquieta. Desde cualquier punto de vista es mucho más devastador mi propio juicio. Ese sí me asusta.

Cuanto más detesto un programa de televisión más audiencia tiene.
Cuando siento que un presentador/showman/actor/cantante/etc vive totalmente desprovisto de talento apoyado sólo en clichés y padrinos, ese será a buen seguro el favorito de la gente.
Cuando escucho una canción nueva en la radio y me sangran los oídos y el corazón abrumado por su vulgaridad, previsibilidad, repetitividad, ordinariez y falta de espíritu, de vergüenza, de creatividad, sinceridad… a buen seguro ésta será un éxito demoledor.

¿Cómo coño me voy a presentar yo como un personaje público?
Sé que mucha gente lo desea y que piensan que me sobran facultades como arte, técnica, mensaje y pasión (y me sobran), pero en lo que no repara aquel que me alienta para que haga el añorado, y a todas luces sobrevalorado, camino del famoseo, es en que también tengo tumulto de otras facultades o cualidades que me convierten en el último candidato a ocupar un lugar en el firmamento estelar de los medios:
Aborrezco el funcionamiento de estos, aborrezco el amiguismo, el peloteo, la codicia, la estupidez en la que flota y de la que se alimenta buena parte del tinglado.

¿Que sentido tiene entonces que haga canciones y discos? ¿Y proyectos artísticos?
Ninguno. Hago esas cosas igual que otras, porque lo necesito y además me gusta.
Me gano la vida con ello y no molesto a nadie porque sólo me ve el que me quiere ver, y sólo me escucha el que me quiere escuchar… y sólo me lee… Tú! Aaaahhhgggg!!!!!

Ante todo esto hay que poner las cosas en su sitio:

A mí me gustaría dedicar mi tiempo a componer y escribir. A pensar y a desarrollar mis ideas.
Eso, en mi caso, es imposible;
He tenido que aprender los misterios del sonido durante años y montarme un estudio sin un mísero duro  para poder hacer mis disco.
He tenido que descubrir los recovecos del diseño gráfico y meter un trillón de horas para poder hacer los diseños de mis discos sin gastar un mísero duro.
He tenido que aprender a hacer fotos y a iluminarlas para poder tener fotos gratis.
He tenido que romperme las pelotas aprendiendo cómo hacer páginas web desde el agotador y ahora casi obsoleto “html” hasta las modernas plantillas “wordpress” para poder tener mis páginas web cuándo y cómo me apeteciera… sin gastar un duro.
Me he pegado con varios ordenadores, codecs y sistemas hasta que he podido hacer en una precariedad absoluta video clips, que yo planifico, ilumino, grabo y edito. Por falta de pasta.
Dediqué unos años al estudio del arte dramático porque, con el tiempo se ha visto, tenía que aprender a llenar el escenario yo solo (por falta de presupuesto, claro).
Llevo más de diez años trabajando para pagar los agujeros que mi creatividad y ocurrencias dejan en mis descosidos bolsillos. Ideas, aparatos, luces, tecnología, carteles, folletos, espectáculos…

Podría seguir mucho rato enumerando y explicando las cosas que han ocupado el tiempo que supongo podría haber dedicado a escribir y componer, a crear, pero tampoco sirve esta excusa. Mi pregunta es ¿cuánto sentido tiene escribir canciones que nadie va a escuchar?
¿Y cuánto sentido tiene pasar meses encerrado en el estudio devanándome los seso para suplir la escandalosa falta total de medios de los que dispongo para que mis discos suenen como si fueran de verdad? Cuánto trabajo es todo eso para nada!! Pero si el micrófono de voz de cualquier estudio vale más dinero que todo mi estudio entero, incluidas las paredes! Lo que yo hago con los discos es artesanía suicida! Cada disco que hago es, psicológicamente, una paliza que me arranca cinco años de vida.

Es tiempo de reconocer qué soy: Soy un superviviente, un obrero detallista, un luchador solitario, un artista desconocido, un innegable animal del escenario, un romántico sensato, un perdedor al que no se puede derrotar, un espíritu libre sin complejos, un hombre normal con demasiadas ideas, demasiadas opiniones y muy poca relevancia. Un desastre.

Soy cocinero, carpintero, mecánico, guitarrista, esquiador, electricista, cantante, diseñador, escritor, motero, fontanero, productor musical, piloto, bajista, timonel, actor, marido, director, amigo, senderista, compositor, hijo, soñador, padre, corista, ciclista, borracho, viajero, comediante, sonidista, aventurero, pensador, chofer, guerrero, juerguista, jardinero, hogareño, sincero, rival, exigente, llorón, detallista, porrero, dietista, glotón, camorrista, diplomático, divertido, iluso, lucero, adulador, creador, ilusionista… y no soy nada.

Pd: Ahora no sé si me he quedado más a gusto o no después de escribir.

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