¿Cuál es el sentido de la vida?

Parece ser que debiera haber respuesta a todas las preguntas de un plumazo si sabes responder a esta cuestión universal.

Juraría que yo puedo hacerlo, pero porque tampoco me parece algo tan místico e inalcanzable, ni me siento ya abrumado por la apariencia presuntuosa de esta afirmación como me he podido sentir en tiempos pretéritos.

La vida no tiene sentido más allá de vivirla. Y me explico.

Esto es algo que acontece, y punto. Los caprichos de la química, la física y el imparable paso del tiempo, mucho tiempo, ha terminado por engendrar, en una confabulación de múltiples caprichos y coincidencias, seres capaces de plantearse el por qué y para qué están aquí. Nada más.
Pues por lo mismo que el resto de los seres, sólo que dotados de un fabuloso e imperfecto cerebro reflexivo (más el de unos que el de otros).
Cantan bingo y descubres que ha sido tu voz, y va y existes.
Ahora echa un vistazo a tu alrededor a ver qué extras te han tocado, como dónde naces, en qué situación y qué características tiene tu ser, habilidades, carencias…
Muy pronto comenzarás a compararte con los demás de tu especie. Inevitable error.

Todo esto es de una obviedad aburridísima.
A partir de aquí entramos en el capítulo del auténtico YO. Pasan los años y las preguntas sin respuesta se amontonan en un rincón para dejar espacio a las que inexorablemente van a llegar. Muchas más.
Supongo que la vida tiene más sentido cuanto más cesas en ese empeño de auto interrogarte y más dedicas tus energías y tiempo a vivirla. Pero como nos pone asomarnos al abismo, pues…

Hoy quisiera centrarme en la que considero una de las claves, si no la clave, que más puede facilitarnos la existencia, más allá de que le encontremos el sentido o, por el contrario,  retocemos angustiosos en ese océano de incertidumbres.

Esa clave la titulo “sintonía”:
No albergo resquicio de duda cuando entiendo que esa es la llave maestra capaz de hacer nuestra vida un jardín de rosas o un infierno de escollos.
Saber ir por la vida sabiendo entender con qué y con quién sintonizas es fundamental.

Muchas veces dejamos de escucharnos a nosotros mismos porque ya hay cosas establecidas y no nos encontramos con ánimo de luchar, discrepar, disgustar… o simplemente dejamos que la vida nos lleve a ver qué pasa.
Esto supone ir a lugares que no terminan de convencerte, supone moverte en ambientes donde no estás realmente a gusto, supone hacer cosas que no te satisfacen y supone relacionarte más allá de lo imprescindible con gente con la que no sientes afinidad y con la que tú no eres tú.
Todo eso pasa, ocurre precisamente por renunciar a ser tú.
Lo que argumentamos contra nuestra conciencia para justificarnos día a día con respecto a tanta renuncia a principios y sensaciones de la que hacemos uso, es que “las cosas son así”.
Matrimonio…, familia…, amigos de toda la vida…, amigo de un amigo…, tiene dinero o poder…, hay que pasar por eso para llegar a tal sitio…, qué dirán en el pueblo…, peor es estar solo…, mejor solo que mal acompañado…, es una tradición o costumbre…., no quiero hacerle daño…
Tragamos saliva aún con la sensación de brasas incandescentes en la garganta antes de poner cada cosa en su sitio, y eso es porque hemos dejado demasiado tiempo, demasiadas veces las cosas estar y ahora parece tarde, se acumula todo y parece que o te vas a Filipinas, Tailandia o Australia, o no se puede rehacer una vida sólo con ser consecuente contigo mismo.

No es complicado sentir cuándo sintonizas con alguien. Pues ese alguien debiera ser parte de tu vida igual que debiera salir de tu vida en la medida de lo posible aquel con el que llevas años sin encontrar la misma frecuencia. No nos engañemos.
Hay lugares donde sientes que te sientes bien, que sintonizas, y hay lugares donde se respira más áspero, donde las cosas no fluyen y no encuentras postura ni sosiego. No hay forma humana de encontrar la frecuencia que despeje ese ruido de fondo permanente. Es una constante interferencia.
Ese lugar ni pisarlo si no es por un motivo de fuerza mayor. Si ese lugar es donde curras… donde vives… ya sabes, Australia, Tailandia, Filipinas…, resignación, o al toro por los cuernos. Pero es tan complicado…

No sé si sé explicar cuál es para mí el sentido de la vida, pero sí me entenderéis si os digo que para una vida que nos toca a cada uno, hay cosas que no tienen sentido a nuestro alrededor. Fácil es “decirlo”, la verdad.

Para mí no tiene sentido volver a un bar o a una tienda donde sé que me van a atender con desdén, desgana, apatía o impertinencia. ¿Mal? Pues no vuelvo.
Para mí no tiene sentido, por ejemplo, conducir por la ciudad o por carretera de día, porque hay suficientes seres ponzoñosos, egoístas y competitivos sueltos por ahí, destilando mala leche, mala idea y con espíritu revanchista y egocéntrico conduciendo vehículos contra ti, como para plantearme seriamente viajar siempre de noche y no conducir por la ciudad si no quiero perder la felicidad y la fe en la raza humana (suponiendo que la tuviere). Procuro evitarlo.
Para mí no tiene sentido salir de casa si no tengo una sonrisa que ofrecer al que se cruce conmigo, si no tengo un ánimo positivo y afable para compartir con quien vaya a estar y convivir. Si no es así no salgo de casa y no quedo con nadie. Bastante complicada es la vida para todo el mundo en muchas ocasiones como para donarles amablemente nuestra mierda, como hace tanta gente.

Al hilo de esto!
No deberíamos, o deberían, permitir que ciertas profesiones como profesor, funcionario de ventanilla o policía, que pagamos todos y a las que todos estamos “obligados” a “someternos”, las ocuparan malas personas, rencorosas, antipáticas, sin vocación social, vengativas, parciales, malintencionadas, inmorales, perversas….

Un profesor puede hacer que una asignatura se convierta en un infierno y en un trauma o fobia, mientras otro puede crear en ti una pasión y una vocación de, exactamente, la misma asignatura con el mismo programa y libro de texto.
Un funcionario de ventanilla (por decirlo de alguna manera) puede arrastrar a la desesperación, a la depresión y al precipicio a cualquiera. Bastantes inútiles hay parasitando la atorada burocracia como para que tengas que bregar con un imbécil indolente, incompetente y antipático.
La lotería es una elección de cada uno, juegas o no, pero la lotería, cuando te paran en un control de policía por alguna presunta (de momento) infracción o simplemente rutinario, la lotería de qué clase de persona te puedes encontrar detrás del mismo uniforme… esa lotería sí da miedo.

Ya sabéis que Virginia y yo de carretera sabemos un poco, y de controles también. Furgoneta, chica joven, tipo con barba o patillas infinitas y dos aros en sendas orejas con capacidad, no para un loro, para una avestruz. Somos víctima inequívoca de cada control que se precie. Lo entiendo aunque se equivoquen, lo entiendo. Hasta ahí bien.

Un control puede y suele ser algo rutinario y normal, ellos hacen su trabajo, comprueban que todo está correcto, vehículo y documentaciones (que lo está), les enseño lo que quieran del equipo (pronto se ve, además de decírselo, qué somos), nos despedimos amable y cordialmente, y seguimos nuestro camino.
Pero ay! si te toca el obtuso o el rambo… date por jodido. Te vas a ir con alguna multa inverosímil y/o con un cuerpo de impotencia y miseria que sólo te deja pensar en hacerte terrorista, con todo el paquete que les puedas tener a éstos, que se lo tengo.

Imagino que es imposible controlarlo, pero hay personas que no tienen luces, criterio, inteligencia o equilibrio suficiente como para darles una placa, una pistola y una porra, y menos una palabra que vale más que la tuya. Tienen la razón siempre por obra y gracia de dios!
Ahí puedes tener al más tonto que has visto en una semana, incapaz de discernir, ni razonar, ni… que no sabe ni escribir, ni hablar, ni estar, tenso y a la defensiva, creyendo que tratas de engañarle porque en el colegio le tomaron el pelo y ahora trata de protegérselo con un tricornio.
Este individuo en concreto ve en ti la posibilidad de vengarse de la sociedad, o al menos de ese “tipo” de personas libres y alegres opuestos a él, o de aquellos que le han tomado el pelo toda su vida, igual alguno se parecía a ti, y tiene el poder que le confiere la ley, y tiene una falta de brillo en la mirada, opaca y tontuna, que es preocupante…. y te va a multar sólo para que le supliques, o para que te rebeles y poder jugar su juego de poder en el lado de la sumisión y la humillación,.. y como te quejes… Te va a multar con regocijo, a mala leche, sin necesidad de tener razón.

Abusar con mala intención, e incluso chulería, de una posición como esa es lo más inmoral que se me ocurre ahora mismo. Sucio y rastrero.
No eres ni algo parecido lejano a un delincuente, llevas todo en regla, el vehículo en condiciones, te comportas con amabilidad y educación, no has cometido ninguna infracción o imprudencia… pero te vas a llevar una multa porque me llamo Antonio!… o al menos te voy a chulear un rato y te voy a dar una clase maestra de como se comporta un auténtico bobo amparado por el poder de la presunta ley que presuntamente protege. ¿Ahí? estamos vendidos.

Flaco favor les hacen a sus compañeros de profesión, que luego todos prejuzgamos a muchos por lo que hacen unos pocos. Que luego te paran en cualquier control y sientes la presunción de culpabilidad recorriéndote el cuerpo y el peso de algún pecado que no sabes ni que has cometido aplastándote. Y eso sin hacer nada.

Quede bien claro que suele ser un trámite normal, humano y amable muy habitualmente,  pero el día que te toca el campeón se graba a fuego en las entrañas.

Tod@s es@s imbéciles que no deberían estar ahí, esos profesores, policías y funcionarios de ventanilla sin ganas, sin vocación, sin alegría y con muy mala leche, hacen la vida mucho más difícil, el mundo un lugar mucho peor.
Con ellos es casi imposible entender el sentido de la vida, porque tienes que dedicar tu tiempo a protegerte, a defenderte de injusticias innecesarias, porque tienes que estar luchando sólo para que no te quiten la sonrisa, sin la que la vida no tiene sentido.

Sin sonrisa no tenemos nada.

Quizás ese sea el sentido de la vida, sonreír.
Por eso, porque sin sonrisas la vida no tiene sentido.
Por eso elegí esta profesión de esta manera, porque entretienes y emocionas con las canciones, pero al final lo que se queda en las caras de la gente es una sonrisa.
Siempre. Sublime!!

Imagen

Pd: Esta imagen la encontré por facebook hace unos días y todavía me arranca una sonrisa cada vez que la veo. Quería compartir esa sonrisa con vosotr@s.

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