DESPISTES

No va a ser la primera vez que después de comer, cuando llevo los platos y demás utensilios a la cocina, me encuentro la vitrocerámica encendida.
Se me había olvidado apagarla, oiga!
Bueno, no pasa nada.

No, no es eso, es la certeza de que volverá a pasar, lo que me inquieta y extenúa.

Podría vivir con esa incertidumbre si no fuera porque, más o menos, la mitad de las veces que salgo del portal para coger el coche tengo que pararme, concentrarme, visualizar, y a duras penas consigo recordar dónde lo aparqué. Que ya me he dado buenos paseos acera por acera, contorneando manzanas, buscando la puta nave nodriza, y alguno de estos paseos fueron y serán lloviendo, o cargado con bien de peso… incluso cargado mientras llovía.
Vamos, cuando no fue así, en ocasiones, también hubo un sol de justicia para recordarme a golpe de martillo pilón incandescente que me falta memoria a corto, medio y largo plazo.
Vaya, que tampoco me va a quitar el sueño ese inconveniente. Peor es quedar con alguien para algo, o en algo, y olvidarlo. Es peor que se te pase el plazo de pagar el seguro, la contribución, andar por ahí con el carnet de conducir caducado sin saberlo, la maldita ITV… esos despistes fortuitos tienen además penalización económica. En unos pequeña pero automática, y en otros te tienen que parar en un control rutinario para, al mismo tiempo que te enteras de que tienes el carné o la ITV caducados, darte un sartenazo en toda la oreja. Toma, por tontaco! Si pagas pronto hay descuentico. Parece Media Markt: PORQUE YO NO SOY TONTO!

Basta que decidas hacer un viaje tranquilo, respetando todos los límites de velocidad e indicaciones que surjan sean cuales fuere, sin ninguna prisa, para que en el momento más tonto, justo acelerando al salir de un pueblo, adelantando a un enorme y torpe tractor, mientras charlas animadamente y/o tarareas una enérgica canción, te inmortalicen en una instantánea excediendo en 8 kilómetros por hora la velocidad permitida. Todos tus buenos propósitos y todos los kilómetros transcurridos en la más estricta de las prudencias y legalidades se ciernen ridículos sobre tu orgullo cuando recibes la siempre simpática notificación. Qué asco de momento! Aaaajjjj!!!!

Suelo acordarme de esos detalles cieneuristas en el transcurso de las vueltas que doy en el hiper para ahorrar unos céntimos aquí, y dos euros allí. Eligiendo siempre el mejor producto al mejor precio. Rascando cada monedica y aprovechando cada oferta. Luego… zas! 100 euros de hachazo por un nimio despiste. Ó 300! Compensar eso son muchos kilómetros de pasillos de supermercado urdiendo y escudriñando precios.

Dudo que sean netamente casuales todos esos despistes, son sospechosamente muchos, y dudo que deban preocuparnos en el sentido de hacernos sentir inútiles o desastrosos. Nadie escapa a esta tendencia.

Esos y otros cientos de miles de detalles en los que no reparamos no son sino cortocircuitos en una máquina saturada, sobrecargada de informaciones, preocupaciones, tareas, prisas, inquietudes… Anuncios y más anuncios publicitarios copan de alguna manera nuestro disco duro.

No fuimos diseñados suponiendo que llegaríamos a estos niveles de interacción en semejantes macro hormigueros tecnológicos, económicos, y siempre contrarreloj, en los que vivimos hacinados y casi calcinados por las prisas y la acumulación de tareas, responsabilidades, normas, objetivos y exigencias.
Hemos superado de forma alarmante la velocidad de la evolución hasta pisarnos los cordones con frecuencia tontuna, y hasta el creacionismo está buscando debajo de la alfombra una explicación divina a todo esto.
Porque vete y cuéntale a alguien ahora lo de Eva y la costilla de Adán, que todavía no irás por la mitad de la historieta y se te habrá quemado el asado atendiendo a la insistente operadora de Timofónica mientras suena de fondo un anuncio de tampones con alas en el canal 107 de tu televisión HD 87” conectada vía smartTV con todos los rincones y el saber del mundo habido y por haber. Televisor conectado al mundo precisamente como tu teléfono celular injertado en el ojete… que todavía no se hace?… al tiempo.

Son sólo despistes, no pasa nada.

Pd: Y si pasa ya nos multarán o lo que rompamos lo pagará el seguro.
       Así funciona esto, no?

Pd2: Paren el tren que me bajo! Auxilioooo!!!!!

 

PABLO LIQUIDO

 

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